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¿Debes Orar Para que la Prueba Desaparezca?


Por Jordan Standridge

Dios nos escucha. (1 Juan 5:15 )

Es una frase que quita el aliento. El soberano creador del universo puede escucharte cuando clamas a Él (Salmo 145:19). Las minúsculas hormigas pecadoras, que se rebelan constantemente contra Él y van tras los ídolos, son escuchadas por el alto y excelso Creador de todo. No sólo nos escucha, sino que cuando oramos de acuerdo con su voluntad, nos concede los deseos de nuestro corazón (1 Juan 5:14 ).

Amor verdadero


¨Todo lo que necesitas es amor¨, esto cantaban los Beatles. Si hubiesen cantado sobre el amor de Dios, la declaración contendría un granito de verdad. Pero lo que la cultura popular suele denominar amor, no es en absoluto un amor auténtico: es un fraude total. Lejos de ser “todo lo que necesitas” es algo que debes evitar a toda costa.

El apóstol Pablo trata el mismo tema en Efesios 5: 1-3. Pablo escribió: ¨Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos amados. Y caminad en el amor, como también Cristo nos amó, y se entregó por nosotros, en ofrenda y sacrificio flagrantes a Dios.
Pero toda inmoralidad sexual, impureza o avaricia, no deben ser nombradas entre vosotros, como es propio de los santos¨.

La sencilla orden del verso 2 (¨Y andad en amor, como también Cristo nos amó¨) resume toda la obligación moral del hombre cristiano. Después de todo, el amor de Dios es el principio único y primordial que define completamente el deber del cristiano. ¨Todo lo que necesitas¨ es este tipo de amor. Romanos 13:8-10 dice, ¨El que ama a su prójimo, ha cumplido la ley. Los mandamientos se resumen en estas palabras: Amarás a tu prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley¨. Gálatas 5:14 se hace eco de esta misma verdad: ¨Toda la ley se cumple en una sola palabra: amarás a tu prójimo como a ti mismo¨. De la misma manera Jesús enseñó que todas las leyes y profetas penden de dos principios básicos sobre el amor, como se explica en el primero y segundo mandamiento (Mat. 22: 38-40). En otras palabras, ¨el amor… es el vínculo con la perfección¨ (Col. 3:14NKJV).


Esterilidad... ¿La voluntad de Dios?


“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

En el artículo anterior tratamos el tema de los anticonceptivos para planificar el tamaño de la familia, pero ¿Qué ocurre cuando una pareja desea tener hijos pero no ha sido posible naturalmente? Aunque existen varios métodos en los que la ciencia interviene para posibilitar un embarazo, nuestra pregunta es ¿Qué dice la Biblia acerca de estos métodos? ¿Violan la ley moral de Dios? ¿Aprueba Dios estos procedimientos? Revisemos algunos principios bíblicos que nos llevarán a contestar estas preguntas tan importantes para una pareja de creyentes en Cristo:

Su soberanía:
“Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado” Isaías 14:24.
Dios dirige y gobierna su creación. Está activo y manifiesta Su sabiduría, Su poder y Su misericordia en cada evento de la historia.  “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” Lamentaciones 3:37

Dueño de la vida:
“Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer” Génesis 25:21  
Dios determina cuándo, dónde y bajo qué circunstancias debe nacer cada ser y si será varón o hembra. Quiere decir que Él tiene autoridad sobre la reproducción humana (hace tanto a la estéril, como a la fértil). “Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril” Génesis 16:2

¿Qué quieren los esposos de sus esposas?


Que respeten el  liderazgo

Queremos esposas sabias que con sus acciones mantengan la unidad familiar; Que a pesar de nuestros errores no se pongan en nuestra contra deteriorando nuestro liderazgo; cuando nos equivoquemos nos exhorten en privado con amor y nos ayuden a enmendarlos. Cuando disciplinemos a nuestros hijos nos respalden y nos ayuden en amor a no caer en autoritarismo ni en negligencia. Que cuando no estén de acuerdo con nuestras decisiones puedan con sabiduría y paciencia darnos argumentos bíblicos para hacer la voluntad de Dios. Que se esfuercen cada día en ser mejores esposas y madres para ser un buen ejemplo a seguir. Que faciliten el tiempo y el espacio para estudiar y ampliar nuestro conocimiento.

Que ayuden a administrar los recursos

Queremos esposas que nos ayuden en la administración económica del hogar, que sepan distinguir entre “necesidad” y “deseo” siendo equilibradas a la hora de gastar el dinero. Que nos ayuden a no salirnos del presupuesto familiar y en lo posible ahorrar para el futuro. Que nos animen a no adquirir deudas, sino a adquirir la disciplina de comprar de contado. Esposas recursivas en momentos de escasez y si vienen las dificultades sigan confiando en Dios y nos ayuden a mantenernos firmes en su Palabra. Que nos apoyen en nuestros proyectos y sean las socias ideales.

Que cultiven su vida espiritual

¿Qué quieren las esposas de sus esposos?


Que sean los líderes de su casa:

Queremos esposos sabios, sensatos, que piensen bien las cosas antes de hacerlas, asegurando el futuro bienestar de la familia; verlos fuertes ante las dificultades, confiando en que Dios tiene el control de todo. Queremos verlos estudiando e indagando todas las posibilidades para tomar buenas decisiones; que se apoyen en nuestro consejo pero que no nos deleguen la responsabilidad. Queremos verlos confiados y seguros de lo que hacen, activos y progresando en conocimiento. Queremos que se encarguen de la disciplina de los hijos y participen de su educación; Esposos y padres ejemplares en su comportamiento para que sean un buen ejemplo a seguir.

Que sean los proveedores económicos

Queremos esposos que se encarguen de proveer para todas las necesidades económicas de la casa, esto no quiere decir que no podamos ayudarles, pero que no seamos las responsables completamente de la economía. Que con nuestra ayuda se distribuyan bien los ingresos del hogar. Que en los momentos de escasez busquen la dirección de Dios y confíen en Su Providencia, pero que no se queden pasivos ante las circunstancias, sino actuando y moviéndose para traer sustento. 

Que sean los líderes espirituales

Queremos esposos que tengan una buena relación con Dios y se sometan a Él, estudiosos  de Su Palabra, la Biblia; Que enseñen el evangelio a su familia y no deleguen esta tarea a su esposa; que practiquen lo que enseñan. Que motiven a su familia a seguir a Cristo. Que aprendan a pedir perdón, a reconocer sus pecados y estén trabajando constantemente en su santidad. Que glorifiquen a Dios en todo lo que hagan.

El día de nuestra boda hubo un funeral




El día de nuestra boda hubo un funeral….
El esposo ha muerto para las demás mujeres;
La esposa ha muerto para los demás hombres.
Pero estamos vivos el uno para el otro.

El día de nuestra boda hubo un funeral…
El esposo ha muerto a su vida independiente;
La esposa ha muerto a su vida independiente.
Ese día comenzamos una nueva vida de unidad.

El día de nuestra boda hubo un funeral… 
El esposo ha muerto a vivir centrado en su propio yo;
La esposa ha muerto a vivir para su propia complacencia.
Ahora vivimos en función del otro.

El día de nuestra boda hubo un funeral… 
            El esposo prometió amarla por encima de las circunstancias
            La esposa prometió respetarlo a pesar de sus debilidades.
Nuestro amor debe perdurar hasta que llegue un segundo funeral.

El día de nuestra boda hubo un funeral…  

¿Tiene usted un buen matrimonio?


Por Andreas Köstenberger


¿Diría usted que usted tiene un buen matrimonio? Algunos de ustedes pueden responder afirmativamente a esta pregunta (esperamos que su cónyuge también lo haga); otros pueden reconocer que hace falta mucho trabajo por hacer, antes que usted pueda sostener que tiene un buen matrimonio.

En todo caso, ¿por qué aspirar a tener un buen matrimonio? ¿Simplemente para decir que se siente bien acerca de tener un buen matrimonio? Y, ¿Qué significa tener un “buen matrimonio”? ¿Cuándo es un matrimonio un buen matrimonio? Y, ¿Es mejor que la mayoría de los otros matrimonios de la gente que nosotros conocemos?

Aclaro que ¿Tiene usted un bien matrimonio? no es la pregunta correcta. Una mejor pregunta sería, ¿Glorifica su matrimonio a Dios? En lugar de pensar en tener un buen matrimonio como un fin en sí mismo, o usando estándares humanos relativos para comparar nuestros matrimonios o con el ideal popular de algún libro del tema de moda, el objetivo del matrimonio que glorifique a Dios afianza nuestro matrimonio donde debe estar afianzado: en el plan eterno y soberano de Dios.

¿Qué es un matrimonio que glorifica a Dios según las Escrituras?


SEDUCCIÓN POR LA EXALTACIÓN


La seducción es el acto de inducir y persuadir a alguien con el fin de hacerle adoptar un comportamiento según la voluntad del que seduce. Tambien es persuadir suavemente para hacer algo malo. Un conocido ejemplo:


“Pero la serpiente le dijo a la mujer: —¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal… así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió” Génesis 3:4-6



La seducción no solo se refiere a conquistas amorosas, también son ciertas cosas que persuaden a hacer el mal porque atraen o gustan mucho. Es lo que causa adulación, seguridad, gozo o placer momentáneo. Algunos ejemplos son: el dinero, el entretenimiento, los lujos, la comodidad, la buena comida, vestirse muy bien, verse hermoso, ser famoso, sentirse más que los demás. En resumen todo lo que nos hace sentirnos bien y vernos bien. Es por eso que la seducción se origina en el deseo de exaltarnos a nosotros mismos.



EL MATRIMONIO: Un proyecto de vida

¡Estamos tan enamorados… nos vamos a casar! ¿Qué piensa una pareja cuando toma esta decisión? A muchos de nosotros se nos olvida que el matrimonio es una decisión que cambia la vida de los contrayentes, ya que es el inicio de un proyecto de vida en común.

Un matrimonio no puede ir a la deriva, sino que debe tener principios claros que le ayuden a alcanzar las metas y los sueños que como pareja se han propuesto realizar. Es importante tener un plan que sea identificado y anhelado por ambos, con respuestas claras a: ¿Dónde queremos llegar? ¿Qué queremos lograr? ¿Cómo lo haremos? ¿Cuál es el papel de cada uno? ¿Cumple nuestro proyecto el propósito que Dios tiene para nosotros?

Si ambos no tienen claro su proyecto de vida, probablemente se dejen llevar por las circunstancias del diario vivir y tomen decisiones que no conducen a ningún fin, dejan que lo secundario se vuelva importante, se concentren en mirar lo negativo y en cuales necesidades no están cubiertas; viven el presente sin construir un futuro.

“Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!”
Proverbios 21:5
Con el tiempo, posiblemente se darán por vencidos, dejarán atrás los sueños que alguna vez se propusieron realizar juntos y movidos muchas veces por el egoísmo y el orgullo, optarán por dividir su proyecto de vida en dos, atentando contra la unidad familiar y el compromiso adquirido en el pacto matrimonial.


EXPECTATIVAS ¿REALES O IDEALES ?

-Estoy muy desilusionada porque no me llevaste a cenar en mi cumpleaños.
-Yo pensé que con el regalo que te di, estarías feliz.
-Pero yo esperaba que me llevaras a cenar. Tú deberías saberlo.
Escenas como estas ocurren a diario en una relación de pareja. Queremos que el cónyuge actúe de cierta manera y haga las cosas en la forma que nosotros esperamos. Decimos frases que imprimen nuestro criterio sobre lo que el otro debería hacer o decir: “Porqué dijiste eso…”, “Y cómo no pensaste en…”, “Lo hubieras hecho así...”, “No me haces caso”.
Cuando tenemos la expectativa de que suceda algo que estamos esperando que el otro realice y no lo hace, viene la desilusión, la frustración y hasta el resentimiento. Estos sentimientos no son producto de lo que hace o deja de hacer mi cónyuge, sino de lo que yo espero de él.
La realidad es que mi pareja no es igual a mi, no piensa lo mismo que yo, no ve las cosas de la misma manera que yo, ni sus expectativas son iguales a las mías. Estamos casados con una persona que ve la vida de una forma diferente, que piensa y actúa de acuerdo con su educación, su formación y personalidad; que puede cambiar de parecer de acuerdo con factores tales como: temperamento, estado de ánimo, problemas laborales o de salud, dificultades adversas.
La verdad es que cuando imponemos nuestras expectativas personales y demandamos que las cosas sucedan como queremos, estamos siendo orgullosos y egoístas.
Las expectativas no son malas, lo malo es esperar que el cónyuge adivine y haga todo lo que esperamos y sentimos.