Debemos entregarnos nosotros mismos a Dios como sacrificios vivos. Eso significa que debemos darle a Él nuestro tiempo, nuestra energía y nuestro mismísimo ser como actos de adoración y gratitud. Pero siempre debemos tener presente que Dios nos ha dado estas y todas las cosas. Por lo tanto, el dar bíblico se hace en el contexto de la mayordomía, nuestra administración de las cosas buenas que el Padre derrama sobre nosotros.
El concepto de mayordomía comienza con la creación. La creación no solo se celebra en Génesis, sino a través de toda la Escritura, especialmente en los Salmos, donde se declara que Dios es dueño del universo: «Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella; el mundo y los que en él habitan» (Sal 24:1). Dios es el autor de todas las cosas, el Creador de todas las cosas y el dueño de todas las cosas. Todo lo que Dios crea es de Su propiedad. Lo que nosotros poseemos, lo poseemos como mayordomos a quienes Dios mismo ha concedido dones. Dios es el propietario final de todas nuestras «posesiones». Él nos ha prestado estas cosas y espera que las administremos de una forma que lo honre y glorifique.






