Eduque a los niños para Cristo

EDUQUE A LOS NIÑOS PARA CRISTO

(Autor desconocido)

A Iglesia del Señor Jesucristo fue instituida en este mundo pecador para procurar su conversión. Hace mil ochocientos años recibió el mandato: “Predicad el evangelio a toda criatura.” Debe su tiempo, talentos y recursos a su Señor, para cumplir su propósito. No obstante, “todo el mundo está puesto en maldad.” Pocos, comparativamente hablando, han oído “el nombre de Jesús”; “que hay un Espíritu Santo” o que existe un Dios que gobierna en la tierra.

En esta condición moral que afecta a este mundo, los amigos de Cristo han de considerar seriamente las preguntas:

“¿No tenemos algo más que hacer? ¿No hay algún gran deber que hemos pasado por alto; algún pacto que hemos hecho con nuestro Señor, que no hemos cumplido?” Encontramos la respuesta si observamos a los hijos de padres cristianos, quienes han profesado dedicar todo a Dios pero que, mayormente, han descuidado educar a sus hijos con el propósito expreso de servir a Cristo en la extensión de su reino. Dijo cierta madre cristiana, cuyo corazón está profundamente interesado en este tema: “Me temo que muchos de nosotros pensamos que nuestro deber parental se limita a labores en pro de la salvación de nuestros hijos; que hemos orado por ellos sólo que sean salvos; los hemos instruido sólo para que sean salvos.” Pero si ardiera en nuestro corazón como una flama inextinguible el anhelo ferviente por la gloria de nuestro Redentor y por la salvación de las almas, las oraciones más sinceras desde su nacimiento serían que no sólo ellos mismos sean salvos, sino que fueran instrumentos usados para salvar a otros.


Deberes de ambos padres hacia los hijos

DEBERES DE LOS PADRES HACIA LOS HIJOS.

Juan Bunyan (1628-1688)

Si usted es padre de familia, un padre o una madre, entonces debe considerar su llamado como tal. Sus hijos tienen almas, y tienen que nacer de Dios al igual que usted, o de otra manera perecerán. Y sepa también que, a menos de que sea usted muy circunspecto en su conducta hacia ellos y en la presencia de ellos, pueden perecer por culpa de usted: lo cual debe impulsarle a instruirlos y también a corregirlos. 

Primero, instruirlos como dice la Escritura

Y “criadlos en disciplina y amonestación del Señor,” y hacer esto diligentemente “estando en tu casa,... y al acostarte, y cuando te levantes” (Ef. 6:4; Deut. 6:7).

A fin de hacer esto con propósito: 



1. Hágalo usando términos y palabras fáciles de entender; evite expresiones elevadas, porque estas ahogaría a sus hijos. De esta manera habló Dios a sus hijos (Ose. 12:10) y Pablo a los suyos (1 Cor. 3:2). 


2. Tenga cuidado de no llenarles la cabeza de caprichos y nociones que de nada aprovechan, porque esto les enseña a ser descarados y orgullosos en lugar de sobrios y humildes. Por lo tanto, explíqueles el estado natural del hombre; converse con ellos acerca del pecado, la muerte y el infierno; de un Salvador crucificado, y la promesa de vida a través de la fe: “Instruye al niño en su carrera: aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Prov. 22:6). 


3. Tiene que ser muy suave y paciente siempre que les enseña, para que “no se hagan de poco ánimo” (Col. 3:21).  

4. Procure convencerlos por medio de una conversación responsable, que lo que usted les enseña no son fábulas sino realidades; sí, y realidades tan superiores a las que disfrutamos aquí que, aun si todas las cosas fueran mil veces mejor de lo que son, no podrían compararse con la gloria y el valor de estas cosas. Isaac era tan santo ante sus hijos, que cuando Jacob recordaba a Dios, recordaba que era el “temor de Isaac su padre” (Gén. 31:53). 

¡Ah! Cuando los hijos pueden pensar en sus padres y bendecir a Dios por su enseñanza y el bien que de ellos recibieron, esto no sólo es provechoso para los hijos, sino también honorable y reconfortante para los padres: “Mucho se alegrará el padre del justo: y el que engendró sabio se gozará con él”(Prov. 23:24, 25).  

Segundo,el deber de corregir. 

1. Con sus palabras serenas, procure apartarlos del mal. Ese es el modo como Dios trata a sus hijos (Jer. 25:4, 5).



2. Cuando los reprenda, sean sus palabras sobrias, escasas y pertinentes, con el agregado de algunos versículos bíblicos pertinentes; por ejemplo, si mienten, pasajes como Apocalipsis 21:8, 27. Si se niegan a escuchar la palabra, pasajes como 2 Crónicas 25:14-16.



3. Vigílelos, que no se junten con compañeros groseros e impíos; muéstreles con sobriedad un constante desagrado por su mal comportamiento; rogándoles tal como en la antigüedad Dios rogara a sus hijos: “No hagáis ahora esta cosa abominable que yo aborrezco” (Jer. 44:4).



4. Mezcle todo esto con tanto amor, compasión y compunción de espíritu, de modo que, de ser posible, sepan que a usted no le desagradan ellos mismos como personas, sino que le desagradan sus pecados. Así se conduce Dios (Sal. 99:8).

5. Procure con frecuencia hacer que tomen conciencia del día de su muerte y del juicio que vendrá. Así también se conduce Dios con sus hijos (Deut. 32:29).



6. Si tiene que hacer uso de la vara, hágalo cuando esté calmado, y muéstreles juiciosamente: (1.) su falta; (2.) cuánto le duele tener que tratarlos de este modo; (3.) y que lo que hace, lo hace en obediencia a Dios y por amor a sus almas; (4.) Y dígales que si otro medio mejor hubiera sido suficiente, nada de esta severidad hubiera ocurrido. Esto, lo sé por experiencia, será la manera de afligir sus corazones tanto como sus cuerpos; y debido a que es la manera como Dios corrige a los suyos, es muy probable que logre su fin.


7. Finalice todo esto con una oración a Dios a favor de ellos, y deje la cuestión en sus manos “La necedad está ligada en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la hará alejar de él” (Prov. 22:15).
Por último, tenga en cuenta estas advertencias:


      1. Cuídese de que las faltas por las cuales disciplina a sus hijos no las hayan aprendido de usted. Muchos niños aprenden de sus padres la maldad por las cuales los castigan corporalmente y disciplinan.


      2. Cuídese de ponerles buena cara cuando cometen faltas pequeñas, porque dicha conducta hacia ellos será un aliento para que cometan otras más grandes.

      3. Cuídese de usar palabras desagradables e impropias cuando los castiga, como ser insultos, groserías y 
cosas similares: esto es satánico.

      4. Cuídese de acostumbrarlos a regaños y amenazas mezclados con liviandad y risas; esto endurece. No hable mucho, ni con frecuencia, sino sólo lo que es apropiado para ellos con toda sobriedad.

http://www.chapellibrary.org/files/archive/pdf-spanish/ghomfgs.pdf

Deberes de una esposa piadosa

EL DEBER DE LAS ESPOSAS.
Juan Bunyan (1628-1688)

Pasando del padre de familia como cabeza, diré una palabra o dos a los que están bajo su cuidado.

Y, primero, a la esposa: Por ley, la esposa está sujeta a su marido mientras viva el marido (Romanos 7:2). Por lo tanto, ella también tiene su obra y lugar en la familia, al igual que los demás.

Ahora bien, hay que considerar las siguientes cosas con respecto a la conducta de una esposa hacia su marido, las cuales ella debe cumplir conscientemente.

Primero, que lo considere a él como su cabeza y señor. “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Corintios 11:3). Y Sara llamó señor a Abraham (1 Pedro 3:6).

Segundo, en consecuencia, ella debe estar sujeta a él, como corresponde en el Señor. El apóstol dice: “Vosotras, mujeres, sed sujetas a vuestros maridos” (1 Pedro 3:1; Colosenses 3:18; Efesios 5:22).Ya se los he dicho, que si el esposo se conduce con su esposa como corresponde, será el cumplimiento de tal ordenanza de Dios a ella que, además de su relación de esposo, le predicará a ella la conducta de Cristo hacia su iglesia. Y ahora digo también que la esposa, si ella anda con su esposo como corresponde, estará predicando la obediencia de la iglesia a su marido. “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:24). Ahora bien, para llevar a cabo esta obra, primero tiene usted que evitar los siguientes males:

Deberes generales de un buen padre de familia

EL DEBER DEL PADRE HACIA LA FAMILIA EN GENERAL.

Juan Bunyan (1628-1688)

El que es cabeza de una familia tiene, bajo esa relación, una obra que realizar para Dios: gobernar correctamente a su propia familia. Y su obra es doble. Primero, tocante a su estado espiritual. Segundo, tocante a su estado exterior.

Ya hemos considerado el estado espiritual de su familia. Ahora veamos su estado exterior.

Segundo, tocante al estado exterior de su familia, usted debe considerar estas tres cosas.

1. Que es su obligación asegurarse de que cuenten con el sustento necesario. “Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, la fe negó, y es peor que un infiel” (1 Timoteo 5:8). Observe que cuando la Palabra dice que debe tener cuidado de los suyos, no le da licencia para descuidarlos, ni permite que el mundo entre en su corazón, ni en su cuenta de banco, ni que se preocupe de los años o días venideros, sino que provea el sustento a fin de que tengan comida y ropa; y si cualquiera de ustedes o usted mismo no se contentan con eso, se salen de los límites del gobierno de Dios (1 Timoteo 6:8; Mateo 6:34). De esto se trata trabajar a fin de contar con los medios para “gobernarse en buenas obras para los usos necesarios” (Tito 3:14). Y nunca objete, que a menos que logre tener más, no estará satisfecho, porque eso es falta de fe. La Palabra dice que Dios da de comer a los cuervos, cuida a los gorriones y viste a la hierba. ¿Qué más puede desear el corazón que ser alimentado, vestido y cuidado? (Lucas 12:6-28).

Deberes espirituales de un buen padre de familia

EL DEBER DEL PADRE HACIA LA FAMILIA EN GENERAL.


Juan Bunyan (1628-1688)

El que es cabeza de una familia tiene, bajo esa relación, una obra que realizar para Dios: gobernar correctamente a su propia familia. Y su obra es doble. Primero, tocante a su estado espiritual. Segundo, tocante a su estado exterior.

Primero, tocante al estado espiritual de su familia, ha de ser muy diligente y circunspecto, haciendo lo máximo para aumentar la fe donde ya la hay, y para iniciarla donde no la hay. Por esta razón, basándose en La Palabra, debe con diligencia y frecuencia compartir con los de su casa las cosas de Dios que sean apropiadas para cada caso. Y nadie cuestione esta práctica de gobernar de acuerdo con la Palabra de Dios; porque si la enseñanza en sí, es de buen nombre y honesta, se encuentra dentro de la esfera y los límites de la naturaleza misma, y debe hacerse; con más razón muchas otras enseñanzas de una naturaleza más elevada; además, el apóstol nos exhorta: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad” (Filipenses. 4:8). Poner en práctica este piadoso ejercicio en nuestra familia es digno de elogio, y es muy apropiado para todos los cristianos. Ésta es una de las cosas que Dios tanto encomendó a su siervo Abraham, que tanto afectó su corazón. Conozco a Abraham, dice Dios, “conozco” que es de verás un buen hombre, porque “Sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová,” (Génesis 18:19). Esto fue algo que también el buen Josué determinó que sería su práctica durante todo el tiempo que viviera sobre esta tierra. “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josue 24:15).

¿Cómo debo respetar a mi esposo?

EL DEBER ESPECIAL DE LA ESPOSA: RESPETAR

Autor: Richard Steele (1629-1692)

Esta es la cualidad especial de ella. Si tiene toda hermosura y todo conocimiento pero no respeta a su marido, no es una buena esposa. La creación lo sugiere. Fue creada después del hombre (1 Timoteo 2:13), tomada del hombre (1 Corintios 11:8) y para el hombre (1 Corintios 11:9). Este orden no es del hombre, sino de Dios. Aun después de la Caída, la orden divina sigue en pie: “Él se enseñoreará de ti” (Génesis 3:16). El Nuevo Testamento confirma todo esto (Colosenses 3:18; 1 Pedro 3:1-6). Aun cuando ella sea la cosa más dulce y su marido el más malo, ella sigue teniendo el deber de respetarlo.

Primero, tiene que fijar en su corazón que su posición es inferior a la de él, y entonces podrá cumplir con facilidad y alegría todo lo que el respeto implica. No es correcto colocar la costilla sobre la cabeza, ni aun a su mismo nivel.

1. Descripción del respeto de la esposa piadosa.

A. Lo tiene en alta estima. “Todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” (Ester 1:20). Reflexione en la excelencia de su persona, y valórela como debe. Y si él no es un hombre realizado, entonces debe ella considerar la excelencia de su lugar como “imagen y gloria de Dios” (1 Corintios 11:7). Lo estimó usted cuando lo eligió como marido, y debe seguir haciéndolo. Recuerde la falta de respeto de Mical para con David y el consecuente castigo de Dios (2 Samuel 6:16, 23). Su familia y sus vecinos la respetarán como ella respeta a su marido así que, al honrarlo a él, se honra a ella misma.

¿Cómo debo amar a mi esposa?

EL DEBER ESPECIAL DEL ESPOSO: AMAR

Autor: Richard Steele (1629-1692)

El amor es el fundamento de todos los demás deberes para con ella. Todo fluye de esto. Sin amor, cada cumplimiento de un deber para con ella parece difícil. La ternura, el honor y la amabilidad son meros rayos del sol del amor.

1. Las dimensiones del marido piadoso. El amor de un esposo por su esposa es particular a esta relación. Es distinto del amor paternal y de la lascivia animal.

A. La razón de él. Usted está casado con ella y Dios ordena a los esposos que amen a sus esposas. Solamente esto durará para siempre, ya que ella puede perder sus encantos de muchas maneras.

B. La extensión de él. Usted debe amar tanto su cuerpo como su alma. Por lo tanto debe escoger una esposa que le es atractiva por su físico y por su personalidad y espiritualidad. De otra manera, no le hace justicia a ella.

C. El agrado de él. Por sobre el amor hacia todos los demás, incluyendo a sus padres e hijos, y ciertamente sobre cualquier persona fuera de la familia. “En su amor recréate siempre” (Proverbios  5:19).

Deberes de ambos cónyuges

Autor: Richard Steele (1629-1692)

1. Viviendo el uno con el otro. Él tiene que dejar “A su padre y a su madre, y allegarse a su mujer” (Génesis 2:24), y ella tiene que olvidar su “pueblo, y la casa de [su] padre”  (Salmos 45:10). Él tiene que “habitar con” su esposa (1 Pedro 3:7), y ella que “no se aparte del marido”, aunque éste sea inconverso (1 Corintios 7:10). Los otros deberes del matrimonio requieren vivir juntos, teniendo relaciones sexuales regularmente, las cuales cada uno le debe al otro (1 Corintios 7:3-5). El Antiguo Testamento prohíbe que los esposos vayan a la guerra durante su primer año de matrimonio (Deuteronomio. 24:5). Esto muestra la importancia de vivir juntos.

2. Amándose el uno al otro. Este es un deber tanto del esposo (Colosenses 3:19) como de la esposa (Tito 2:4). El amor es la gran razón y el consuelo del matrimonio. Este amor no es meramente romance, sino afecto y cuidado auténtico y constante y “entrañablemente de corazón puro” (1 Pedro 1:22) el uno por el otro. El amor matrimonial no puede basarse en belleza o riqueza, pues éstas son pasajeras, y ni siquiera en la piedad, pues ésta puede menguar. Tiene que basarse en el mandato de Dios que nunca cambia. El voto matrimonial es “para bien o para mal” y los casados deben considerar a sus cónyuges como lo mejor en este mundo para ellos. El amor matrimonial tiene que ser duradero, perdurando aun después de que la muerte haya roto el vínculo (Proverbios 31:12). Este amor de corazón puro produce el corolario de contentamiento y consuelo. Guarda contra el adulterio y los celos. Previene o reduce los problemas familiares. Sin él, el matrimonio es como un hueso dislocado. Duele hasta que vuelve a encajarse en su lugar.

6 Enemigos Mortales del Matrimonio

Por Tim Challies

El matrimonio está bajo ataque. El matrimonio siempre ha sido objeto de ataques. El mundo, la carne y el diablo están todos firmemente opuestos al matrimonio, y sobre todo a los matrimonios que son distintivamente cristianos. El matrimonio, después de todo, es dado por Dios para fortalecer su pueblo y para glorificarse a sí mismo; poco se extrañe, entonces, que sea constantemente un gran campo de batalla.

He estado pensando recientemente acerca de algunos de los enemigos más importantes del matrimonio cristiano y, en definitiva, los enemigos principales que veo trepando para atacar mi propio matrimonio. Aquí hay 6 enemigos mortales de matrimonio, y el matrimonio cristiano en particular.

El Descuido del Fundamento

El enemigo del matrimonio que se merece estar en la parte superior de la lista es el siguiente: descuidar el fundamento –descuidar el fundamento bíblico. La Biblia deja en claro que el matrimonio es una institución decretada por Dios y una institución destinada a glorificar a Dios, mostrando algo de él. El gran misterio del matrimonio es que la relación de pacto de los esposos es un retrato de la relación de pacto de Cristo y Su iglesia. El Matrimonio es de Dios, acerca de Dios, para Dios, y por Dios, por eso descuidamos a Dios a nuestro propio riesgo. Es sólo cuando el fundamento bíblico está en su lugar estamos en condiciones de entender correctamente cómo un marido y esposa deben relacionarse, cómo van a asumir sus roles separados, y cómo van a tratar de dar gloria a Dios, tanto individual como con pareja. Construir el matrimonio en cualquier otro fundamento es descuidar la roca a favor de construirlo sobre la arena.

Educar hijos creyentes



Si ha sido padre por un tiempo, no debe ser una sorpresa que su hijo vino al mundo con una habilidad insaciable para el mal. Incluso antes de nacer, el pequeño corazón de su bebé estaba programado para el pecado y el egoísmo. La inclinación hacia la depravación es tal que, si se le da rienda suelta, cada bebé tiene el potencial de convertirse en un monstruo.


El pecado original es la doctrina bíblica que explica la inclinación pecaminosa de su hijo. Significa que los niños no llegan al mundo buscando a Dios y Su justicia. Ni entran al mundo con una inocencia neutral. Llegan al mundo buscando cumplir sus deseos pecaminosos y egoístas. La Escritura también enseña una doctrina llamada depravación total, que se refiriere a la extensión del pecado original. Aunque la obra de la naturaleza pecaminosa no necesariamente alcanza la expresión total en la conducta de todos, no obstante se llama depravación total porque no hay un aspecto de la personalidad, carácter, mente, emociones o voluntad humana que esté libre de la corrupción del pecado o inmune a las seducciones del mismo.

Dicho francamente, el pecado no se aprende – es una disposición innata. Sus hijos obtuvieron su naturaleza pecaminosa de usted, usted la obtuvo de sus padres, sus padres la obtuvieron de sus padres y así sucesivamente, hasta llegar a Adán. En otras palabras, la caída de Adán manchó toda la raza humana con el pecado. Ambos, la culpabilidad y la corrupción del pecado son universales. El apóstol Pablo escribió: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). “Por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres” (v. 18), significando que hemos heredado la culpabilidad del pecado. Y “porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores” (v. 19), significando que hemos heredado la corrupción del pecado. Nadie está exento. Nadie nace verdaderamente inocente.

¿Es correcto que una esposa trabaje fuera de su hogar? ¿Cuáles deben ser sus prioridades?


Esta pregunta no se puede contestar con un simple sí o no. Solo se puede dar un claro entendimiento de las prioridades de Dios para la mujer. Una prioridad fundamental para cada mujer cristiana es de vivir sensiblemente. A su nivel más básico, una mujer sensible es una quien entiende las prioridades de Dios para su vida y vive una vida auto-controlada y ordenada consistente con esas prioridades.


Cuáles son las prioridades de Dios para la mujer? Siete prioridades de una esposa piadosa se encuentran en Tito 2:3-5 donde Pablo exhorta a las mujeres mayores a enseñar “a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.


El fallar a vivir de acuerdo con estas siete prioridades, causará que la Palabra de Dios no sea honrada. Por otro lado, la esposa quien ordena su vida de acuerdo a estas prioridades honrará la Palabra de Dios.

Siete prioridades de una esposa piadosa 

Las esposas deben amar a sus esposos. 

Este mandamiento es simple e indiscutible. No hay condiciones o excepciones. No es solamente una virtud que amen a sus esposos, pero pecan si no los aman. Pablo no se está refiriendo al amor romántico o sexual, aunque eso tiene un lugar muy importante y apropiado en el matrimonio. Él está hablando de un amor comprometido que las esposas piadosas escogen tener para con sus esposos, así como esposos piadosos escogen tener para con sus esposas (Efesios 5:25, 28). El término se refiere a un amor dispuesto y determinado que no se basa en el mérito del esposo, y en cambio se basa en el mandamiento de Dios y eso se extiende con el corazón cariñoso y obediente de una esposa. Aun los esposos no aptos para el amor, insensibles, infieles y egoístas deben ser amados. Esta clase de amor entre esposos y esposas incluye devoción incondicional, y es una amistad que es fuerte y profunda. Y cuando una esposa verdaderamente no ama a su esposo, ella debe en obediencia al Señor entrenarse a amarlo.

La feminización de la familia

¿Qué es lo que define la masculinidad de un hombre? ¿Cómo la Biblia define lo que significa ser hombre? ¿Cuáles son las características del hombre según la Biblia? Quizás sea extraño preguntarnos eso. Los hombres deben saber lo que es ser un hombre. Quizás eso era así hace algunas décadas, pero hoy ya no lo es. Sufrimos las consecuencias de una sociedad afeminada. La sociedad, nuestras iglesias y nuestras familias sufren por causa de este mal. 

Acerca da feminización de la iglesia, Stephen C. Perks dice:

La agenda del liderazgo, que es una agenda masculina, fue substituida por una agenda femenina, que es un desastre para el liderazgo. La iglesia ha abandonado el Dios de las Escrituras por la comodidad de una divinidad de tipo femenino que no necesita líderes eclesiásticos que expongan doctrinas bíblicas o actúen con convicción de acuerdo con la Palabra de Dios (ambos son percibidos, muchas veces con razón, como causadores de división – Mt. 10.34ss); pero, en lugar de eso, exige líderes simplemente para ser madres de sus congregaciones de forma femenina. (2012) 

En las familias cristianas acontece lo mismo. Los hombres dieron su lugar para las mujeres, o comenzaron a liderar de forma femenina. Esto es resultado del movimiento feminista, un movimiento que el hombre cristiano no tuvo valentía para resistir. 

Booz: Cualidades de un hombre de Dios

La biblia está llena de hombres que por su piedad y buen ejemplo vale la pena estudiarlos y ponerlos como modelo para aprender de ellos. Booz  es uno de estos valiosos varones de Dios que merecen nuestra atención.

La historia de Booz la encontramos en el libro de Ruth, en donde se nos narra el amor de Booz y Ruth. Él, un hombre soltero, rico y honorable. Ella, viuda, humilde, pobre, de origen pagano pero  que renunció a sus dioses para ir tras el único y verdadero Dios y con la determinación de no abandonar a su suegra.

El pueblo de Israel tenía una ley para proteger a la familia: “la ley del levirato”, que consistía en que una mujer viuda que no tuviera hijos, podía desposarse con su cuñado, el hermano del difunto, para que tuviese descendencia, heredara sus bienes y perpetuara su nombre.  Booz se inspira en la piedad de esta ley para arropar a la desamparada Ruth de su estado de pobreza y soledad.

El culto familiar

Publicado por Chapel Library 2603 West Wright St. Pensacola, Florida 32505 USA

A.W. Pink (1886-1952)

Existen algunas ordenanzas exteriores y medios de gracia exteriores claramente implícitos en la Palabra de Dios, pero en la práctica tenemos pocos, si acaso algunos, preceptos claros y positivos; más bien nos limitamos a recogerlos del ejemplo de hombres santos y de diversas circunstancias secundarias. Se logra un fin importante por este medio; es así que se prueba el estado de nuestro corazón. Sirve para hacer evidente si los cristianos descuidan un deber claramente implícito por el hecho de no poder cumplirlo. Así, se descubre más del verdadero estado de nuestra mente, y se hace manifiesto si tenemos o no un amor ardiente por Dios y por servirle. Esto se aplica tanto a la adoración pública como a la familiar. No obstante, no es difícil dar pruebas de la obligación de ser devotos en el hogar.

Considere primero el ejemplo de Abraham, el padre de los fieles y el amigo de Dios. Fue por su devoción a Dios en su hogar que recibió la bendición de: “Porque yo lo he conocido, sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Génesis 18:19). El patriarca es elogiado aquí por instruir a sus hijos y siervos en el más importante de los deberes, “el Camino del Señor” –la verdad acerca de su gloriosa persona, su derecho indiscutible sobre nosotros, lo que requiere de nosotros. Note bien las palabras “que mandará”, es decir que usaría la autoridad que Dios le había dado como padre y cabeza de su hogar, para hacer cumplir en él los deberes relacionados con la devoción a Dios. Abraham también oraba a la vez que enseñaba a su familia: dondequiera que levantaba su tienda, edificaba “allí un altar a Jehová” (Génesis 12:7; 13:4). Ahora bien, mis lectores, preguntémonos: ¿Somos “simiente de Abraham” (Gálatas 3:29) si no “hacéis las obras de Abraham” (Juan 8:39) y descuidamos el serio deber del culto familiar? El ejemplo de otros hombres santos es similar al de Abraham. Considere la devoción que refleja la determinación de Josué quien declaró a Israel: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). No dejó que la posición exaltada que ocupaba ni las obligaciones públicas que lo presionaban, lo distrajeran de procurar el bienestar de su familia.

Las mentiras que hemos creído del matrimonio

Un excelente artículo acerca de las verdades del matrimonio en el Blog El evangelio según Jesucristo:

A Usted se le ha estado mintiendo sobre su matrimonio
Por Hans Molegraaf
Odio tener que decírtelo, pero te han mentido.

Y, se le ha estado mintiendo todos los días. Lo peor es que probablemente no sabe en qué medida está sucediendo. Pero no nos engañemos, está sucediendo. Constantemente. Cada día.. Y las mentiras vienen de varias fuentes …

Las mentiras vienen de los medios de comunicación, música, noticias, anuncios, medios de comunicación social, y por desgracia de algunos de nuestros amigos bienintencionados e incluso algunos pastores, sólo para nombrar unos pocos …

Con el fin de reconocer las mentiras, debemos estar embriagados en la verdad. Sí, ¡ebrio! Esa es la idea detrás de lo que Pablo estaba hablando en Efesios 5:18:

“… No os embriaguéis con vino… antes bien sed llenos del Espíritu.”