En un mundo que cada vez se torna más complicado, ninguna persona puede decir que es completamente feliz; siempre el ser humano tendrá alguna preocupación o algún descontento, soluciona un problema y viene otro, siempre la vida estará afectada por una sociedad que influye en la familia, en el trabajo, en la salud, en las emociones. ¿Cuál es la razón? Hacemos parte de una sociedad terca y egoísta, donde cada uno busca su propio bienestar y no el de los demás. ¿Entonces qué hacer? La verdad es que necesitamos a Jesús, la solución de Dios al problema de la imperfección humana y la maldad.
La mayoría de nosotros intentamos alcanzar a Dios por medio de nuestros propios esfuerzos y encontrar una vida con significado, tratamos de hacer buenas obras o buscar nuevas filosofías que nos guíen pero inevitablemente fracasamos. Simplemente nunca podremos ser suficientemente buenos y esta es la evidencia de lo que la Biblia llama pecado: “pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
La buena noticia
Dios desea tener una relación con nosotros, es por eso que envió a su hijo Jesucristo a morir en la cruz para pagar el precio de nuestros pecados y cerrar el vacío entre nosotros y Dios, para no estar separados de Dios nunca más. Pero no sólo Jesús murió por nuestros pecados, sino que también resucitó de los muertos (1 Corintios 15:3-6). Y cuando hizo esto, nos demostró sin lugar a duda que legítimamente puede prometernos la vida eterna, que Él es el Hijo de Dios y que Él es el único camino por el cual podremos conocer a Dios.
En vez de seguir intentando alcanzar a Dios, simplemente tenemos que aceptar que Jesús y su sacrificio por nosotros, como el único camino a Dios. “Yo soy el camino, la verdad y la vida -le contestó Jesús-. Nadie llega al Padre sino por mí.” (Juan 14:6). Él además dijo, “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).
Para acercarnos a Dios y vivir una vida plena, necesitamos aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor de forma individual ¿Cómo lo hacemos? primero creer que Jesús es el Hijo de Dios, no solamente estar de acuerdo intelectualmente de quien es Jesús, necesitamos hacer un compromiso personal con Él. “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” (Juan 1:12); segundo invitarlo a tomar control de nuestras vidas y permitirle convertirnos en las persona que Él ha diseñado que seamos.
La decisión
Aceptar a Jesús es un acto de su propia voluntad y por la fe. Cuando usted acepta lo que Jesús ha hecho, lee su Palabra que es la biblia, y tiene una comunicación con Él a través de la oración, se convierte en hijo de Dios y todos sus pecados son perdonados, podrá conocer y experimentar el amor de Dios y su plan para usted. Jesús ha prometido que si lo recibes vivirás por siempre en un lugar que Dios ha preparado para ti.
“Jesús, quiero conocerte personalmente. Gracias por haber sacrificado tu vida por mí para que pueda regresar a Dios. Quiero que entres en mi vida. Acepto que tú eres el único que me puede dar el poder de cambiar y salvarme de una eternidad separada de Dios. Gracias por darme el perdón por medio tuyo y por darme la vida eterna con Dios. Toma el control de mi vida. Hazme la persona de la cual fui creada”